Cuando veo el odio árabe dirigido hacia Israel, tales como los repetidos intentos de la Autoridad Palestina, a través de la UNESCO, para negar la historia judía en Jerusalén, sacudo la cabeza con incredulidad. La hipocresía es asombrosa.

Los países árabes, incluyendo a Egipto y Jordania, que han firmado acuerdos de paz con Israel, anulan opiniones a favor de Israel y promueven falacias antisemitas, tales como esa falsificación llamada los Protocolos de los Sabios de Sion. En el Líbano, es un delito comunicarse con un israelí por cualquier motivo.

Si los judíos se comportasen como nosotros, los medios de comunicación israelíes prohibirían cualquier crítica a Israel y el gobierno israelí saldría a difundir mentiras sobre los árabes y los musulmanes. En su lugar, los medios de comunicación israelíes y el Parlamento israelí proporcionan plataformas para una amplia gama de opiniones, incluidas las opiniones más extremas en contra de Israel. En la Knesset, hay diputados árabes que apoyan a Hamás, una organización terrorista que pide abiertamente el asesinato de judíos siendo que, en el parlamento israelí, ellos son libres para hablar como todo el mundo. Cuando el primer ministro de Israel hizo un comentario que fue percibido como anti-árabe, fue ampliamente denunciado por otros israelíes, entre ellos el presidente de Israel y el primer ministro se disculpó más tarde.

Durante la guerra entre Israel y árabe en mayo de 1948, Azzam Pasha, el secretario general de la Liga Árabe anunció, “Esta será una guerra de exterminio, una masacre trascendental, la cual se hablará más que sobre las masacres mongolas y las Cruzadas”. Antes de la guerra árabe-israelí de 1967, el ministro de Defensa sirio Hafez Assad se jactó que “ha llegado el momento de entrar en una batalla de aniquilación”, y el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser amenazó que “Nuestro objetivo básico será la destrucción de Israel”.

Si los judíos se comportasen como nosotros, cuando Israel se defendió de los ataques desde Gaza y el Líbano, habría utilizado su superioridad militar para acabar con esas entidades obligando a sus habitantes a huir, dejando sólo una tierra desierta la cual Israel podría controlar fácilmente. En cambio, en ambos casos, Israel tomó un cuidado extraordinario para evitar bajas civiles. Un ex comandante de las fuerzas británicas dijo que “Durante su operación en Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel hicieron más para salvaguardar los derechos de los civiles en una zona de combate que cualquier otro ejército en la historia de la guerra”. Israel, incluso proporciona asistencia médica gratuita a los sirios y no tiene absolutamente ninguna obligación de hacerlo.

Como se explicará más adelante, judíos árabes fueron prácticamente todos muertos o forzados a abandonar el mundo árabe. Durante la guerra árabe-israelí de 1947 a 1948, los ejércitos árabes expulsaron a ​​todos los judíos de la tierra que ocupaban, incluyendo las de Cisjordania y Jerusalén Este. Mientras que ocupaban Jerusalén Este, las autoridades jordanas llevaron a cabo una destrucción sistemática del cementerio del Monte de los Olivos. También realizaron una excavación descuidada que dañó importantes objetos religiosos judíos.

Si los judíos se comportasen como nosotros, después de la guerra de 1947-1948, habrían expulsado a todos los árabes de Israel. También en la guerra de 1967, los judíos habrían expulsado a todos los árabes del desierto de Sinaí, Gaza, Jerusalén Este, Cisjordania y los Altos del Golán, y habrían profanado los lugares religiosos no judíos. En su lugar, Israel no hizo ninguna de esas cosas. Hoy en día el 20% de la población de Israel es árabe, y cinco millones de árabes viven en Cisjordania y Gaza. Israel también dio todo el Sinaí a Egipto en un acuerdo de paz. La protección de todos los lugares religiosos, incluyendo sitios cristianos y musulmanes, es una práctica estándar israelí y está garantizado por las Leyes Básicas de Israel.

Cualquier árabe que analiza la historia del conflicto árabe-israelí con honestidad se da cuenta que nosotros, los árabes, tenemos mucha suerte que los judíos no se comportan como los árabes.Nosotros podemos demonizar a Israel por imperfecciones tales como retrasos en los controles de seguridad legítimos, pero nosotros les hemos hecho cientos de veces peor a los judíos y habríamos hecho aún peor si pudiéramos hacerlo. Nosotros podemos demonizar a Israel sobre un total de temas sin vergüenza, como afirmar sobre una masacre en la ciudad cisjordana de Jenin, que más tarde fue reconocida como una mentira.

Además de esto, nosotros los árabes tenemos también mucha suerte que el mundo aplica un estándar diferente para nosotros que para los judíos. Podemos comportarnos mal mientras que los judíos se comportan mucho mejor que nosotros, pero el mundo los culpa a ellos. Así que no sólo nos beneficiamos de nuestro propio antisemitismo, sino que también nos beneficiamos del antisemitismo de los no árabes. ¡Wow!

Pero esa “suerte” es una espada de doble filo. Los judíos saben perfectamente que no pueden contar con nadie más que por ellos mismos, y por lo que trabajan sin descanso en la construcción de un hermoso país, una economía fuerte y un ejército altamente calificado. Mientras nosotros nos basamos en lloriqueo y el obstruccionismo para conseguir lo que queremos, los judíos se basan en el trabajo duro y la perseverancia. Mientras nosotros utilizamos el lavado de cerebro y el fanatismo como nuestras herramientas primarias, ellos utilizan el conocimiento y la diversidad.

Desde los años 2002 a 2015, Israel tenía 35.900 patentes concedidas mientras que Arabia Saudita, el país árabe con el mayor número de patentes concedidas durante ese período, sólo tenía 1.513 patentes aunque, sin embargo, Arabia Saudita tiene casi cuatro veces la población de Israel y más del doble de su PIB. Podemos mentir todo lo que queramos, pero los datos civiles son evidentes para decirle al mundo la verdad sobre nosotros… los árabes.

Si los árabes quieren crecer como pueblo en lugar de seguir siendo un caso perdido en el mundo, no sólo deberíamos dejar de demonizar a Israel, sino también deberíamos agradecerles a los judíos por habernos tratado mucho mejor de lo que nuestras acciones merecían, y deberíamos sostener nuestro éxito sobre la base de nuestros propios logros y no en base a la cantidad de mentiras que logramos difundir.

Muchos árabes lo saben, pero pocos entre nosotros lo admiten, por lo que siguen mintiendo, no sólo al mundo, sino también a nosotros mismos.

Traducido por Hatzad Hasheni

Fuente: The Times of Israel

Autor: Fred Maroun

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