Las comparaciones son odiosas, y algunas de ellas, inmorales.

La sra. Carmen Rigalt, de profesión periodista, ha alcanzado una de las mayores cotas de indignidad e inmoralidad con una comparación que insulta a aquellos que creemos en valores como la democracia, la justicia, o la defensa y  protección del indefenso y del débil,  aquellos que reconocemos la valentía de quienes son capaces de mantener esa creencias incluso a costa de su propia vida, como es el caso de Ignacio Echeverria

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No sra Rigalt, no.

Ignacio Echeverria no puede ser comparado con terroristas debidamente edulcorados tras la expresión “mártires”, palabra que, como todos sabemos,  los nacionalistas palestinos y los antisionistas y demás xenófobos, otorgan a cualquier asesino con tal de que sus víctimas sean israelíes.

Ignacio Echeverria murió protegiendo a una mujer de terroristas yihadistas muy cercanos ideológicamente a muchos de los que usted llama “martires” palestinos, murió asesinado, murió salvando vidas, murió desarmado (si a un monopatín pudiera considerarse un arma), murió por que sus ideales, su moral, sus convicciones y su valor le empujaron a ello.

Los que usted llama “mártires” buscan la muerte, el dolor y el daño y la expulsión  de unas personas cuyo único delito es ser judío y pretender vivir en una tierra innegablemente ligada al pueblo judío donde nunca jamas ha existido ningún estado, país, nación, ni tan siquiera provincia, llamada “Palestina”

Los que usted llama “mártires” mueren matando, mueren asesinando, Ignacio Echeverria murió salvando vidas.

¿Es capaz de ver la diferencia, sra. Rigalt?

Y esos  valores, convicciones, moral e ideales de Ignacio Echeverria a los que aludo más arriba, fueron inculcados por su señora madre que merece todo nuestro respeto y admiración y no el imperdonable agravio de compararla con otras madres que, en pos de una ideología delirante, inculcan el odio y la muerte en sus hijos y se enorgullecen de ello.

Hace poco, una de las madres de esos “mártires” con quien usted compara al héroe español Ignacio Echeverria, afirmó sin rubor alguno que lo que lamenta es que su hijo no hubiese asesinado a cien judíos.

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Comparar a la madre de Ignacio Echeverria con la madre de este asesino palestino es como si la escupieran en la cara y se rieran del lógico e inconsolable dolor que debe sentir. Algo que todas las personas decentes deben condenar.

Los terroristas palestinos son educados, por muchas de esas madres, en el odio, en el antisemitismo y en la más delirante justificación del terrorismo. Negarlo es desconocer la realidad o vivir en un mundo paralelo o para … lelos.

No se puede dignificar ni blanquear el terrorismo palestino de una forma tan absolutamente grotesca y delirante como usted lo hace; por que con esta comparación, sra. Rigalt, pisotea  usted la memoria de Echevarria y le insulta a él y a su madre, merecedores del reconocimiento que jamás merecerán los terroristas palestinos ni quienes envenenan sus mentes, incluyendo a sus madres, cuando así sea.

Esa es la diferencia.

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