“Si la ferocidad judeófoba pudiese barrer al Estado de Israel de la faz de la tierra, es probable que se escriban artículos como el que sigue. Por razones de espacio, sólo llega hasta los Acuerdos de Oslo.

Empezaría así: ¡Qué lástima! ¡Qué tragedia! Desapareció Israel y se produjo un agujero negro. No advertimos que durante dos mil años de exilio anhelaste resucitar. Y lo empezaste a hacer con renovada fuerza hacia fines del siglo XIX con el idealismo sionista. Un idealismo joven, ilustrado, constructivo. Oleadas entusiastas se alejaron de los pogromos o abandonaron comodidades para arar en el desierto, secar pantanos y forestar entre las piedras. Nada quitaron a los pocos vecinos árabes que vivían en la antigua Judea y Samaria, abandonadas y despreciadas por el arcaico imperio otomano. El progreso que produjeron atrajo a muchos egipcios y sirios. Es decir, no sólo hubo inmigración judía, sino también árabe, que siguió a la judía.

¡Perdón, Israel! … (continua)”

El artículo, excelente, lo puedes leer entero en Infobae y su autor es Marcos Aguinis

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