Todos sabemos cómo los israelíes se vieron obligados a entrar en El Líbano para proteger a sus civiles, atacados tantas veces por terroristas que tenían en ese país asilo, cobijo y cobertura para efectuar sus cobardes ataques terroristas

Como es natural, los israelies derrotaron apabullantemente a todos aquellos que intentaron detenerles (no es lo mismo atacar civiles desarmado que enfrentarse a un valeroso ejército como el israelí) y llegaron a Beirut

Los mismos gobernantes libaneses, hartos de las organizaciones palestinas le pidieron al terrorista egipcio Arafat que abandonase su país y se llevara con él  a su organización mafioso terrorista, a lo que finalmente accedió, patéticamente, abandonando en suelo libanés a quienes el llamaba “su pueblo palestino”

Lo cierto es que en esa huida  de Arafat y de su organización, los colaboradores y terroristas ocasionaron bochornosos capítulos de avaricia personal y miseria humana:

…En Washington, los funcionarios empezaron a prestar atención a los aspectos prácticos, como organizar el convoy de barcos para desplazar a los palestinos. Se trataba de una curiosa ocupación que no carecía de momentos cómicos, los norteamericanos descubrieron que algunos funcionarios de la OLP estaban tan preocupados por llevarse sus preciadas posesiones con ellos como por escapar de una pieza”. “Recibimos mensajes de la OLP que CONTENIAN LISTAS DE BMWs y Mercedes que querian llevarse a los barcos, recordaba un funcionario de la Casa Blanca relacionado con las cuestiones de evacuación.”

“Les preocupaba tanto llevarse sus flotas de coches como sus familias. No parábamos de reir“

Fuente: “Arafat, la biografia”, de Tony Andrew y Andrew Gowers, pagina 226. Ediciones Jaguar.

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